Empieza por el problema, no por la cartera
Un objetivo de jubilación como 500.000 € o 1 millón de euros suena preciso, pero la cifra por sí sola no dice mucho.
Dos personas pueden jubilarse con la misma cartera y necesitar de ella cantidades completamente distintas. Una puede tener su vivienda totalmente pagada, gastar 25.000 € al año y cobrar una pensión más adelante. Otra puede gastar 50.000 €, seguir pagando gastos de vivienda y querer dejar de trabajar años antes de que empiece ninguna pensión.
En lugar de empezar por:
¿Qué tamaño debería tener mi cartera?
empieza por:
¿Qué tendrá que pagar mi cartera, y durante cuánto tiempo?
Paso 1: estima el gasto que quieres financiar
Parte del gasto anual en dinero de hoy (lo que costaría ese gasto hoy, antes de tener en cuenta la inflación futura).
El gasto actual suele ser mejor punto de partida que un porcentaje del salario, porque la jubilación no cuesta automáticamente el 70 % o el 80 % de lo que ganabas mientras trabajabas.
Algunos gastos pueden desaparecer o bajar:
- los desplazamientos al trabajo;
- las aportaciones a planes de pensiones;
- las cuotas de la hipoteca, si ya está pagada.
Otros pueden aumentar:
- los viajes;
- el tiempo que pasas en casa;
- las aficiones;
- la sanidad, o los cuidados más adelante.
Supongamos que calculas que querrías 30.000 € al año en dinero de hoy. Ese es el punto de partida, todavía no lo que necesita la cartera.
Paso 2: resta los ingresos que no tienen que salir de la cartera
Puede que esperes ingresos de pensiones, rentas vitalicias, alquileres u otras fuentes. Supongamos que, con el tiempo, 12.000 € al año de tus 30.000 € de gasto se cubren por otra vía. La diferencia que tiene que financiar la cartera es:
Una vez que esos otros ingresos han empezado, la cartera tiene que sostener 18.000 € al año en lugar de los 30.000 € completos. Si dejas de trabajar antes de que empiecen, la cartera tiene que cubrir los 30.000 € enteros hasta entonces: es el periodo puente, del que hablamos más abajo.
Paso 3: estima lo que necesita la cartera a largo plazo
Un atajo habitual es el enfoque de la tasa de retirada. La tasa de retirada es el porcentaje de la cartera inicial que piensas retirar el primer año de jubilación. Una tasa del 4 % significa retirar 4000 € el primer año por cada 100.000 € invertidos y, normalmente, subir esa cantidad con la inflación en los años siguientes.
Eso no significa que la cartera rinda un 4 % todos los años, ni que su valor nunca baje. La investigación histórica en la que se basa la regla del 4 % suponía que el dinero seguía invertido en una cartera de acciones y bonos, y se preguntaba si podría seguir financiando esas retiradas durante una jubilación larga a pesar de las subidas y bajadas del mercado. Ese resultado no se puede aplicar sin más a un dinero que se mantiene en efectivo. El saldo invertido puede caer bastante por el camino, y el enfoque no está pensado para conservar intacto el capital inicial.
Si la cartera tiene que aportar 18.000 € el primer año con una tasa de retirada del 4 %:
De ahí viene la conocida regla de las 25 veces el gasto:
así que:
El cálculo es sencillo. Si el 4 % es una hipótesis sensata es otra cuestión.
¿De dónde viene la regla del 4 %?
La cifra suele atribuirse a un estudio de 1994 del planificador financiero William Bengen. Con las rentabilidades históricas de las acciones y los bonos estadounidenses, probó jubilaciones que empezaban en cada año a partir de 1926: retirar un porcentaje de la cartera el primer año y, después, subir esa cantidad cada año con la inflación. Empezando en torno al 4 %, el dinero duró al menos 30 años en todos los periodos que probó, con carteras que combinaban acciones estadounidenses y bonos del Gobierno de EE. UU. a medio plazo.
El estudio analizaba jubilaciones de unos 30 años a partir de la historia del mercado estadounidense. Su resultado nos dice qué habría resistido en esos periodos históricos, no qué funcionará con seguridad en el futuro.
Fuente William P. Bengen, «Determining Withdrawal Rates Using Historical Data», Journal of Financial Planning, octubre de 1994, vol. 7, n.º 4, pp. 171–180.
Así que es una hipótesis de planificación. El resultado depende, entre otros, de factores como:
- cuánto tiempo tiene que durar la cartera;
- la composición de la inversión;
- las comisiones y los impuestos;
- la inflación;
- el orden en que llegan los años buenos y malos del mercado;
- si se puede reducir el gasto después de rentabilidades bajas.
Una jubilación que empieza a los 65 años y otra que empieza a los 40 no son, por tanto, el mismo problema, aunque el gasto anual sea idéntico.
Por qué importa el orden de las rentabilidades
La rentabilidad media, por sí sola, no describe una cartera de jubilación.
Si dos carteras tienen las mismas rentabilidades anuales en distinto orden, pueden terminar con valores muy diferentes cuando se están haciendo retiradas.
Las malas rentabilidades al principio de la jubilación hacen especialmente daño, porque se retira dinero de una cartera que ya ha caído. Queda entonces menos capital para aprovechar una recuperación posterior. Es lo que se conoce como riesgo de secuencia de rentabilidades.
- Años malos primero
- Mismas rentabilidades, al revés
Parte de 500.000 € y retira 20.000 € al principio de cada año. Las dos líneas usan exactamente las mismas 25 rentabilidades anuales hipotéticas, con una media del 5,8 %, pero en orden inverso. Las rentabilidades son reales (descontada la inflación).
| Año | Años malos primero | Mismas rentabilidades, al revés |
|---|---|---|
| 0 | 500.000 € | 500.000 € |
| 5 | 329.800 € | 644.200 € |
| 10 | 327.200 € | 823.700 € |
| 15 | 342.200 € | 1.035.000 € |
| 20 | 381.700 € | 1.282.600 € |
| 25 | 460.300 € | 1.042.900 € |
Al cabo de 25 años, una cartera tiene 460.300 € y la otra 1.042.900 €. Sin retiradas, las dos terminarían en 1.921.900 €: las mismas rentabilidades multiplicadas en otro orden dan exactamente el mismo resultado. Son las retiradas las que hacen que el orden importe.
La jubilación anticipada añade un puente
Supongamos que quieres dejar de trabajar a los 55 años, pero otra fuente de ingresos de jubilación no empieza hasta los 67. Durante 12 años, la cartera tiene que sostener los 30.000 € de tu gasto; a partir de los 67, solo 18.000 €.
Un cálculo sencillo como:
muestra la magnitud del gasto durante ese periodo, pero no equivale a decir que necesitas 360.000 € más el día que te jubilas. La cartera sigue invertida, las retiradas se hacen a lo largo del tiempo, y las rentabilidades y la inflación cuentan.
Una proyección año a año resuelve esto mejor que multiplicar una sola cifra anual por 25.
Dónde encaja el FIRE
FIRE son las siglas en inglés de Financial Independence, Retire Early («independencia financiera, jubilación anticipada»). Plantea la misma pregunta que cualquier plan de jubilación, normalmente con una fecha más temprana: ¿cuándo podrían tus inversiones y otros ingresos no laborales pagar tu vida, de forma que trabajar pase a ser opcional?
Tu número FIRE
Tu número FIRE es la cartera que, según las estimaciones, puede sostener tu gasto sin depender de los ingresos del trabajo. Con una hipótesis sencilla del 4 %, suele aproximarse como el gasto anual que tiene que financiar tu cartera, multiplicado por 25. Con 30.000 € de gasto y ningún otro ingreso:
Si 12.000 € de ese gasto se cubren con otros ingresos, como en el ejemplo anterior:
Esos 450.000 € describen lo que se necesita a largo plazo una vez que han empezado los otros ingresos. Si te jubilas antes, también necesitas lo suficiente para financiar los años previos. Eso no significa sumar sin más 12 años de gasto a los 450.000 €: la cartera sigue invertida y las retiradas se hacen a lo largo del tiempo, así que el puente tiene que modelizarse como parte de la proyección.
Tu edad FIRE
Tu edad FIRE es la edad a la que tus finanzas proyectadas podrían sostener el gasto que prevés sin depender de los ingresos del trabajo, con las hipótesis que estés usando. En un plan sencillo, puede ser el momento en que tu cartera alcanza tu número FIRE. Si hay pensiones futuras u otros ingresos que empiezan más tarde, el cálculo también tiene que tener en cuenta los años anteriores a que lleguen esos ingresos.
Tu edad FIRE se mueve cuando cambia cualquiera de estos factores:
- tu gasto;
- tu tasa de ahorro;
- lo que tienes invertido hoy;
- las rentabilidades que esperas;
- otros ingresos futuros, y cuándo empiezan;
- cuándo quieres dejar de trabajar y, por tanto, cuánto dura el puente.
FIRE completo, parcial y Coast FIRE
La independencia financiera no tiene por qué ser todo o nada:
- Independencia financiera completa: según las proyecciones, la cartera y otros ingresos no laborales cubren todo el gasto previsto.
- Independencia financiera parcial: la cartera cubre parte de tu gasto, lo que reduce lo que necesitas ganar trabajando.
- Coast FIRE: tienes invertido lo suficiente para que, con tus hipótesis, la cartera pueda alcanzar un objetivo de jubilación posterior sin más aportaciones. Sigues necesitando ingresos para el gasto de hoy, pero ya no necesitas aportar para ese objetivo.
En la práctica, se pueden ver como distintas etapas de un mismo plan.
Por qué importa la tasa de ahorro
En la edad FIRE, el gasto afecta a los dos lados del cálculo. Si gastas menos:
- puedes ahorrar una parte mayor de tus ingresos actuales; y
- la cartera futura tiene menos gasto que sostener.
Por eso la tasa de ahorro puede influir mucho en el tiempo que se tarda. Con unos ingresos netos , una tasa de ahorro y una rentabilidad real , partiendo de cero y ahorrando al final de cada año, el número de años necesario para llegar a 25 veces el gasto anual cumple:
Los ingresos aparecen en los dos lados y se anulan: solo quedan la tasa de ahorro y la rentabilidad. Al resolver la ecuación para distintas tasas de ahorro se obtiene el gráfico siguiente.
Partiendo de cero, ahorrando cada año una parte fija de los ingresos netos y gastando el resto, con una rentabilidad real del 5 %. Objetivo: 25 × el gasto anual. Una ilustración simplificada, no una previsión.
Pasar de ahorrar un 10 % a un 20 % acorta la espera en 14,6 años. Pasar de un 50 % a un 60 % la acorta en 4,2 años: los mismos diez puntos, restados de una espera mucho más corta.
Entonces, ¿cuánto necesitas?
No hay una respuesta universal útil. Un cálculo de jubilación mejor consiste en:
- estimar el gasto;
- identificar otros ingresos y cuándo empiezan;
- calcular lo que tiene que financiar la cartera en cada periodo;
- elegir y poner a prueba las hipótesis de retirada y de rentabilidad;
- incluir cualquier puente de jubilación anticipada;
- tener en cuenta los impuestos cuando proceda;
- comparar la cartera necesaria con la que tienes hoy;
- repetir el plan con hipótesis menos favorables.
Acabas con algo más que una sola cifra de jubilación: puedes ver cuándo se espera que las distintas fuentes de dinero cubran tu gasto.
También permite trabajar hacia atrás. Define lo que el dinero tendrá que cubrir y compáralo después con tu situación actual.