Empieza por la verdadera pregunta
Muchos objetivos financieros parecen distintos:
- 20.000 € para la entrada de una vivienda dentro de cuatro años;
- 50.000 € para un gasto futuro dentro de diez años;
- 500.000 € para la jubilación dentro de varias décadas.
Pero comparten el mismo problema de fondo:
Con lo que tengo hoy, ¿cuánto necesito añadir cada mes para llegar a un objetivo en una fecha concreta?
En un objetivo a corto plazo, la mayor parte del dinero suele tener que salir de lo que ahorras. En plazos más largos, el crecimiento de la inversión puede pesar mucho más en el resultado, pero eso también hace que el cálculo dependa mucho más de lo que supongas sobre las rentabilidades futuras.
Un objetivo a corto plazo es sobre todo aritmética
Supongamos que quieres 20.000 € dentro de cuatro años y partes de cero. Olvidando por un momento los intereses:
Necesitas ahorrar unos 417 € al mes.
Si el dinero genera algo de interés, la cantidad necesaria baja un poco. Pero cuatro años no bastan para que el interés compuesto cambie mucho el cálculo, así que un objetivo a corto plazo depende sobre todo de:
- el objetivo;
- el tiempo disponible;
- cuánto puedes ahorrar.
Dónde se guarda el dinero a corto plazo
El plazo también influye en dónde es razonable tener el dinero. En un objetivo a corto plazo, asumir mucho riesgo de inversión puede dejar poco tiempo para recuperarse de una caída del mercado justo antes de necesitar el dinero. Por eso, para horizontes más cortos se suele pensar en cuentas de ahorro y en opciones de menor riesgo.
La contrapartida es una rentabilidad esperada más baja, y en pocos años cuesta relativamente poco. Incluso un 7 % anual constante solo bajaría los 417 € a unos 364 € al mes, y en cuatro años la rentabilidad de una inversión puede quedar muy por debajo, o ser negativa. En un objetivo a pocos años vista, lo que aportas hace la mayor parte del trabajo de un modo u otro.
En los objetivos lejanos, una parte mayor sale del crecimiento
El dinero aportado antes tiene más tiempo para crecer. En periodos largos, eso significa que el crecimiento de la inversión puede aportar una parte mucho mayor del objetivo final.
Las aportaciones hechas al final de cada mes crecen hasta:
- es el objetivo futuro;
- es la aportación mensual;
- es la rentabilidad mensual;
- es el número de aportaciones mensuales.
Despejando, se obtiene la aportación mensual necesaria. Depende de tres cosas: el objetivo, el tiempo disponible y la rentabilidad supuesta.
Al 7 % anual, es el tipo mensual que, compuesto, equivale a un 7 % anual, no 7 % ÷ 12:
Para un objetivo de 100.000 €, partiendo de cero, con un hipotético 7 % anual constante:
| 100.000 € al 7 % | 5 años | 10 años | 20 años | 30 años |
|---|---|---|---|---|
| Aportación mensual | 1405 € | 585 € | 197 € | 86 € |
| Total aportado | 84 mil € | 70 mil € | 47 mil € | 31 mil € |
| Crecimiento | 16 mil € | 30 mil € | 53 mil € | 69 mil € |
A cinco años, la mayor parte del objetivo sale de tus propias aportaciones. A 30 años, la mayor parte sale del crecimiento supuesto: unos 69.000 € de los 100.000 €. Un plazo más largo ayuda por partida doble: más meses para ahorrar y más tiempo para que crezca cada aportación.
Partiendo de cero. Un 7 % anual, capitalizado mensualmente al tipo mensual equivalente; aportaciones al final de cada mes. Rentabilidades constantes; sin comisiones ni impuestos.
| Años | Al mes |
|---|---|
| 5 | 1405 € |
| 10 | 585 € |
| 15 | 321 € |
| 20 | 197 € |
| 25 | 128 € |
| 30 | 86 € |
| 35 | 58 € |
| 40 | 40 € |
Duplicar el plazo de 10 a 20 años no reduce a la mitad la cantidad mensual. La reduce un 66 %, de 585 € a 197 €.
La cifra a cinco años es lo que dan las cuentas si el dinero crece sin altibajos a un 7 % anual. Que esa sea una hipótesis sensata para un dinero que se necesita dentro de cinco años es otra cuestión, y es el problema del horizonte corto que veíamos antes: poco tiempo para recuperarse de una caída. Si el dinero se guarda en algo de menor riesgo, la cifra se acerca a los 1667 € al mes que necesitan 100.000 € sin ningún crecimiento.
El dinero que ya tienes invertido hoy, , crece por sí solo hasta en la fecha del objetivo, así que las aportaciones solo tienen que cubrir la diferencia entre esa cifra y el objetivo.
Mismas aportaciones, distintos horizontes
Piensa en dos planes simplificados con una rentabilidad anual constante del 7 %:
- 500 € al mes durante 30 años;
- 750 € al mes durante 20 años.
Los dos suponen 180.000 € de aportaciones en total. Pero el primero da a sus primeras aportaciones mucho más tiempo para crecer con interés compuesto. Con la hipótesis simplificada, el plan a 30 años termina en unos 585.000 € y el de 20 años en unos 381.000 €.
No puedes cambiar cuándo empezaste, así que «empieza antes» no sirve de mucho una vez pasada la fecha. Lo que sí muestra la comparación es que el tiempo y la aportación son en parte intercambiables. Si la fecha se acerca, la aportación necesaria sube. Si la aportación no puede subir lo suficiente, tiene que cambiar el objetivo, la fecha o el resultado supuesto. Esas son las variables con las que de verdad puedes trabajar.
Cómo cambian las rentabilidades lo que necesitas ahorrar
En el ejemplo a 30 años, unos 69.000 € de los 100.000 € son crecimiento, y todo ese crecimiento depende de la hipótesis del 7 %. Este es el mismo objetivo al 7 % y al 4 %:
| Objetivo de 100.000 € | 5 años | 30 años |
|---|---|---|
| Aportación mensual al 7 % | 1405 € | 86 € |
| Aportación mensual al 4 % | 1511 € | 146 € |
| Total aportado al 7 % | 84 mil € | 31 mil € |
| Total aportado al 4 % | 91 mil € | 53 mil € |
A cinco años, la mayor parte de los 100.000 € tiene que salir de tus aportaciones en ambos casos. A 30 años, se espera que una parte mucho mayor del resultado salga del crecimiento, así que cambiar la hipótesis de rentabilidad tiene un efecto mucho mayor.
El gráfico muestra la misma comparación en todos los horizontes, con el 0 % como referencia:
- 7 % anual
- 4 % anual
- 0 % anual
La aportación mensual necesaria para llegar a 100.000 € desde cero, multiplicada por el número de meses; lo que no aportas tú sale del crecimiento. Mismas convenciones que el gráfico anterior. Se representan totales porque, en euros al mes, las líneas de las distintas rentabilidades se acercan a medida que el horizonte se alarga, lo que oculta el efecto.
| Años | 7 % anual | 4 % anual | 0 % anual |
|---|---|---|---|
| 5 | 84.000 € (1405 €) | 91.000 € (1511 €) | 100.000 € (1667 €) |
| 10 | 70.000 € (585 €) | 82.000 € (682 €) | 100.000 € (833 €) |
| 20 | 47.000 € (197 €) | 66.000 € (275 €) | 100.000 € (417 €) |
| 30 | 31.000 € (86 €) | 53.000 € (146 €) | 100.000 € (278 €) |
| 40 | 19.000 € (40 €) | 41.000 € (86 €) | 100.000 € (208 €) |
Al 0 %, aportas los 100.000 € completos, sea cual sea la fecha. Las líneas del 4 % y del 7 % se separan más cuanto más largo es el horizonte: cuanto más lejos está el objetivo, más depende de la hipótesis.
¿De dónde salen las hipótesis de rentabilidad?
Si un plan a 30 años depende tanto del crecimiento de la inversión, ¿qué rentabilidad es razonable suponer? La mayoría de las hipótesis parten de la historia, y las cifras que más se ven proceden de un mercado en concreto.
Por qué son tan habituales el 7 % y el 10 %
Las rentabilidades pueden expresarse antes de inflación (nominales) o después de inflación (reales). La diferencia se explica con más detalle más abajo.
Las grandes empresas estadounidenses, con los dividendos reinvertidos, han rendido aproximadamente un 10 % anual desde finales de la década de 1920 antes de inflación, y aproximadamente un 7 % anual después de ella. Esas rentabilidades históricas de EE. UU. son una de las razones por las que el 10 % nominal y el 7 % real se usan tanto en los ejemplos a largo plazo. Describen la misma historia: una en dinero, la otra en poder adquisitivo.
Es, además, una historia favorable de la que tomar prestadas las cifras. La serie de rentabilidades mundiales más larga de uso generalizado abarca de 1900 a 2024. En ese periodo, las acciones de todo el mundo rindieron alrededor de un 5,2 % anual después de inflación. Estados Unidos rindió alrededor de un 6,5 %, entre los más altos de cualquier mercado. El mundo sin EE. UU. rindió alrededor de un 4,3 %.
Así que una rentabilidad real del 7 % no es una hipótesis neutral. Está cerca del historial a largo plazo del gran mercado con más éxito del último siglo, y por encima de lo que ganó en realidad un inversor global.
Fuente Elroy Dimson, Paul Marsh y Mike Staunton, UBS Global Investment Returns Yearbook 2025 (rentabilidades reales en moneda local, 1900–2024).
Una media no es lo que da un periodo concreto
Una media de un siglo incluye décadas buenas y malas. Un objetivo a 20 años vista vive unos 20 años concretos, y cuáles sean marca una gran diferencia.
- Quien invirtió en el S&P 500 desde finales de 1999 hasta finales de 2009, con los dividendos reinvertidos, obtuvo una rentabilidad total anualizada de alrededor del −1 %.
- El índice de precios Nikkei 225 de Japón cerró en un récord de 38.915,87 a finales de 1989 y no volvió a superar ese nivel hasta febrero de 2024, más de 34 años después. Un inversor que cobrara los dividendos se habría recuperado antes de lo que sugiere el índice de precios por sí solo.
Los dos periodos forman parte de la historia a largo plazo que hay detrás de las medias anteriores. Pero si uno de ellos coincide con los años en que de verdad necesitas el dinero, la media de un siglo sirve de poco consuelo.
De qué depende una cifra histórica
Dos cifras presentadas como «la rentabilidad de la bolsa» también pueden diferir simplemente porque miden cosas distintas:
- qué mercado, y si es un país o el mundo entero;
- qué años, y sobre todo dónde empieza y termina el periodo;
- si se incluyen los dividendos;
- si la cifra es antes o después de inflación;
- si se han descontado comisiones e impuestos;
- la moneda en la que el inversor mide el resultado.
La historia sirve más para poner a prueba un rango que para elegir una cifra precisa. El gráfico de sensibilidad anterior muestra por qué: cambiar la hipótesis cambia cuánto del objetivo tiene que salir de tus propias aportaciones.
Inflación, rentabilidad nominal y rentabilidad real
El dinero no mantiene el mismo poder adquisitivo con el tiempo. Si los precios suben, los mismos 100 € comprarán menos en el futuro que hoy. Esa subida de los precios es la inflación.
Por ejemplo, con una inflación del 2,5 % anual, algo que hoy cuesta 10.000 € costaría unos 12.800 € dentro de diez años. Así que tener 10.000 € dentro de diez años no equivaldría a tener 10.000 € hoy.
Por eso la rentabilidad de una inversión puede expresarse de dos formas:
- Rentabilidad nominal: cuánto crece la cantidad de dinero, sin ajustar por inflación.
- Rentabilidad real: cuánto crece su poder adquisitivo una vez descontada la inflación.
Si 10.000 € crecen un 7 % en un año, se convierten en 10.700 €. Es una rentabilidad nominal del 7 %. Pero si los precios subieron un 2,5 % ese mismo año, el poder adquisitivo no aumentó el 7 % completo.
De forma aproximada, la rentabilidad real es la nominal menos la inflación:
Con más precisión:
Si una inversión rinde un 7 % con una inflación del 2,5 %:
Así que una rentabilidad nominal del 7 % con una inflación del 2,5 % equivale a un crecimiento del poder adquisitivo de alrededor del 4,4 %.
Esto importa al fijar un objetivo futuro. Si 100.000 € representan el poder adquisitivo que quieres en dinero de hoy, debes o bien usar una rentabilidad real, o bien aumentar el objetivo de 100.000 € con la inflación a lo largo del tiempo. Combinar un objetivo fijo en dinero de hoy con una rentabilidad nominal hace que la proyección sea incoherente.
Los ejemplos anteriores aplican un 7 % a unos 100.000 € fijos. Si esos 100.000 € se entienden en dinero de hoy, el 7 % tiene que ser una rentabilidad real, descontada la inflación. Con una inflación del 2,5 %, una rentabilidad nominal del 7 % es el 4,39 % de arriba: cerca de la línea del 4 % del gráfico.
El riesgo también cambia a medida que se acerca la fecha
Un objetivo que hoy está a décadas vista acabará estando a pocos años, y sus últimos años se enfrentan al mismo problema que un objetivo a corto plazo: poco tiempo para recuperarse de una caída del mercado justo antes de necesitar el dinero.
A medida que la fecha se acerca y se vuelve menos flexible, proteger lo ya acumulado puede pasar a importar más que maximizar la rentabilidad esperada.
Un objetivo no es, por tanto, solo una cantidad. También tiene un horizonte temporal y una tolerancia a llegar con menos de lo previsto.
¿Qué te ayuda a decidir todo esto?
Un cálculo útil de un objetivo te da más de una respuesta. Si la cantidad mensual necesaria es demasiado alta, puedes probar:
- una fecha más tardía;
- un objetivo más pequeño;
- una cantidad inicial mayor;
- otra hipótesis de rentabilidad;
- varios escenarios en lugar de una única previsión optimista.
El cálculo te da las condiciones en las que el objetivo funciona. Después puedes decidir si esas hipótesis y la aportación necesaria son realistas para ti.